sábado, 6 de febrero de 2016

Homenaje a Rubén Darío EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE: Sebastián Rugama López







MI HOMENAJE A RUBEN DARIO. EN EL CENTENARIO DE SU MUERTE: SEBASTIAN RUGAMA LOPEZ. 6 DE FEBRERO DE 2016.- 






Recordar a Darío es alzar el vuelo por lugares sublimes, viajar por horizontes de ensueños en un mundo mágico y fantástico donde el éter atrapa al viajero galáctico que sueña con estrellas y lejanos parajes; aprender que en el mundo de poemas y rosas ni el tiempo ni el espacio limitan a la mente del que sabe despejar con su ritmo las tinieblas tortuosas del espacio infinito. 
Evocar a Darío es lanzarse al abismo montado en un Pegaso, viajar al horizonte a recoger estrellas, es concebir contritos nuestro común origen, que del barro venimos y al barro volveremos, es enunciar al viento nuestra fragilidad; es llegar hasta el Cielo y bajar al averno, es viajar por lo ignoto y luego darnos cuenta que de la nada venimos y a la nada iremos, porque no somos nada y que nada sabemos y si miramos niebla a través del espacio como en un espejo empañado y mezquino con la dadiva divina que es el don de la lira, comprenderemos luego que es que en todo panida existe un visionario aunque vagando vacilante por senderos nublados que anuncian profecías por sutiles caminos que señala una luz. El póeta todavía no sabe que es profeta por que camina a tientas. 
La dimensión de Darío, su numen egregio, su calidad inagotable, su precoz entrega a un mundo maravilloso, un paraíso indescriptible de magia excelsa pero también una terrorífica caverna de horrorosas pesadillas, un cosmos con escenografías de ángeles y demonios, un laberinto intrincado de luces y tinieblas de ninfas de bellezas exuberantes, dioses benevolentes y monstruos fatídicos, faunos y duendes inquietos y burlones, verdes estepas en donde los unicornios galopan en un paraíso de colores radiantes de burbujeantes aguas límpidas y puras de ríos y lagos cristalinos que llevan en su susurrar voces emotivas que hablan a los espíritus errantes de la floresta, mientras los cisnes taciturnos se deslizan con cadencias rítmicas sobre el lecho límpido del acuífero sendero y los pavorreales sacudiendo su multicor atuendo se regocijan al saberse bellos y descaradamente engreídos miran como Pan dando saltos cadenciosos en el sendero se aleja con su flauta que lanza al rítmico tañer que escapa vibrando en el ancho cielo.
Enjambre sicopatológico acompañado por noctámbulas sombras que deja después de salir con colegas soñadores del bar de costumbre donde liban néctares prohibidos y acostumbrados a trajinar por las calles solitarias empapadas por la bruma en una noche de bohemia en donde trascienden imágenes de mariposas, princesas, reyes, pordioseros desvalidos y obreros sudando sus copiosas calamidades. 
Alucinaciones de destinos apocalípticos que anuncian desesperantes escenas de inevitables venganzas de un planeta que se desquita de sus depredadores y seres espirituales que encienden la chispa de la llama de la esperanza anunciando a Cristo que va a poner fin a los tormentos. Divino ebrio, egregio y titubeante panida que pulsando las teclas de sus temores y angustias nos dio una luz que brillo de sus más recónditas pesadillas de su numen mágico.
Loor y comprensión, aplausos al profeta que se dimensiono desde una pequeña patria, al cosmos mismo, retando al mar al viento a las olas de los mares y al titilar de las estrellas. Maldiciendo al imperio desolador, sombrío. En el mismo corazón de la bestia que habla inglés pero reza al dinero, disparará certero el adalid del caballo blanco, al monstruo apocalíptico que tiene un destino marcado, caer como todas las fieras, porque tiene de todo, pero le falta Dios. 
Cosmopolita insigne, nicaragüense en Nicaragua, latino en Argentina y Chile, Europeo en Francia, un ciudadano del mundo que desde la cúspide del Olimpo diviso el paraje agreste del monte, el fuego de volcanes, el azul del océano tenebroso y escucho al cielo anunciar sus propósitos. ¿Quién le dio al poeta semejantes poderes, un corazón tan frágil y un destino tan corto para contar sus sueños?, ¿quién le lleno de rosas el camino para los elegidos?
El alma de los hombres fundidos en el crisol del fuego, materia y espíritu luchando entre luces y tinieblas, entre la cúspide y el abismo, entre bendiciones y borrascas de sonrisas cálidas y llantos desesperados. Una bendita resurrección y un infame calvario. Una pasión sobrellevada para redimir la estética para dársela al mundo con un canto triunfante de las voces sublimes, sacudiendo cadenas, liberando la lírica con nuevas melodías entre grandes dolores, asedio y tiranía de entes conservadores. El lenguaje que vino era un susurro lleno de diversos matices, desde el cálido ensueño de una bella princesa hasta el sonar radiante de clarines triunfales, desde mundos ornados de odaliscas ardientes y paladines audaces luchando por amores con sus sables de oro. En las bellas ciudades de oro y cristalinas aguas brotan como hilos diamantinos ríos con reflejos de luces que evocan el Edén que la rebeldía no supo conservar. Ese es su numen.
Un soñador solitario aun con sus amores, un huérfano de amor con abundantes musas pero no suficientes para su viril pasión. Sus platónicas musas retozan en el cosmos, constelación de estrellas, son míticas beldades que viajan en el éter: Andrómeda encendida en un sensual furor, Casiopea la reina que engalano a Grecia legendaria y Afrodita, la diosa que surgió de la espuma del mar. 
Como pan y bebida, néctar y ambrosia, como un manjar que subiera al divino Olimpo, la prosa y poesía libaron los dioses con gran placer, cuando Darío, inmortal y egregio se alzó sobre los pusilánimes y nos regaló entre ritmos y cadencias: la bella esencia, un canto de vida y esperanza, un vigor no disperso y un motivo para ver que la vida no es vida sin la sal de la rima, sin la melodía de las dulces cadencias del titilar del cosmos, sin la dulce poesía, sin la miel de la prosa, sin la música, sin la rima ni el ritmo la existencia sería una presencia odiosa.




miércoles, 3 de febrero de 2016

La Casa de América de Madrid se tiñó de color azul





Fuente: Casa de la América

La Casa de América de Madrid se tiñó de color azul la noche del viernes y lo mismo hará hasta el domingo 7 de febrero. Así es como rinden homenaje por el centenario de la muerte del poeta nicaragüense Rubén Darío.
Además, se ha colocado en la fachada una gran lona en la que se lee uno de sus versos, del poema “Al rey Óscar”.


Hasta la noche del domingo, en el balcón principal, que da a la Plaza de Cibeles, los paseantes podrán leer el verso que habla de la relación entre América y España.


“Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire” es el verso elegido de un poema que continúa así:


"Mientras la onda cordial alimente un ensueño; Mientras haya una viva pasión, un noble empeño; Un buscado imposible, una imposible hazaña; Una América oculta que hallar, vivirá España!".


Casa de América también a preparado un programa de actividades para analizar las aportaciones del poeta a la literatura en español.



Alfredo Zitarrosa - Adagio en mi pais



Adagio en mi país

(Alfredo Zitarrosa)

En mi país, qué tristeza,
la pobreza y el rencor.
Dice mi padre que ya llegará
desde el fondo del tiempo otro tiempo
y me dice que el sol brillará
sobre un pueblo que él sueña
labrando su verde solar.
En mi país, qué tristeza,
la pobreza y el rencor.


Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.
Dice mi padre que un solo traidor
puede con mil valientes;
él siente que el pueblo en su inmenso dolor
hoy se niega a beber en la fuente
clara del honor.
Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.

En mi país somos duros,
el futuro lo dirá.
Canta mi pueblo una canción de paz.
Detrás de cada puerta
está alerta mi pueblo,
y ya nadie podrá
silenciar su canción
y mañana también cantará.
En mi país somos duros,
el futuro lo dirá.

En mi país, qué tibieza
cuando empieza a amanecer.
Dice mi pueblo que puede leer
en su mano de obrero el destino
y que no hay adivino ni rey
que le pueda marcar el camino
que va a recorrer.
En mi país, qué tibieza
cuando empieza a amanecer.

Coro
En mi país somos miles y miles
de lágrimas y de fusiles,
un puño y un canto vibrante,
una llama encendida, un gigante
que grita: ¡Adelante... adelante...!

Solo
En mi país brillará,
yo lo sé,
el sol del pueblo arderá
nuevamente, alumbrando mi tierra.


tierra.

domingo, 10 de enero de 2016

BERTOLD BRECHT



BERTOLD BRECHT

Nació el 10 de febrero de 1898 en Augsburgo (Baviera) en el seno de una próspera familia. Su padre era propietario de una fábrica de papel. Desde la adolescencia revela su vocación de escritor. Se inscribe a la Escuela de Medicina en la universidad de Ludwig-Maximiliam de Munich. A la vez asiste a seminarios de teatro con Artur Kutscher. Cursó estudios en las universidades de Munich y Berlín. Desde los 15 años inicia una relación sentimental con Paula Banholzer. En 1919 nace su primer hijo, Frank, y el autor participa con guiones en el cabaret político Karl Valentin de Baal. En el año 1924, aparece como autor teatral en el Berlín Deutsches Theater, bajo la dirección de Max Reinhardt. En sus primeras obras se puede observar la influencia del expresionismo. En 1928, escribió un drama musical, La ópera de los dos centavos, con el compositor alemán Kurt Weill. Se estrenó en Berlín en 1928. En 1924 conoció a Elisabeth Hauptmann, una escritora y traductora un año mayor que él, y se hicieron casi de inmediato amantes y colaboradores literarios. En ese mismo año, comenzó a estudiar el marxismo, y, desde 1928 hasta la llegada de Hitler al poder, escribió y estrenó varios dramas didácticos musicales. La ópera Ascensión y caída de la ciudad de Mahagonny (1927-1929), de nuevo con música de Weill, era una crítica al capitalismo. Durante este periodo dirigió a los actores y comenzó a desarrollar el teatro épico. Se decantó por una forma narrativa libre en la que aparecían mecanismos de distanciamiento tales como los apartes y las máscaras para evitar que el espectador se identificara con los personajes de la escena. Esta característica aparece en La toma de medidas, La excepción y la regla, El que dice sí y el que dice no... Su oposición al gobierno de Hitler, le obligó a exiliarse a Alemania en 1933, viviendo primero en Escandinavia y estableciéndose finalmente en California en 1941. En estos años escribió algunas de sus mejores obras, como La vida de Galileo Galilei (1938-1939), Madre Coraje y sus hijos (1941), que consolidaron su reputación como importante dramaturgo, y El círculo de tiza caucasiano (1944-1945). En 1948 regresó a Alemania, se estableció en Berlín Este, donde fundó su propia compañía teatral, el Berliner Ensemble. Escribió también varias colecciones de poemas. Falleció el 14 de agosto de 1956 en Berlín de un ataque cardiaco.

CANCIÓN DE UNA AMADA

1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje,
y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más
barato, y camino desnudo al viento.

2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.

3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba
es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.

4. Ella vio que yo era malo, y me amó.

5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino,
y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo:
esto es todo. Y fue mi cuerpo.

6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una
nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.

7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara,
pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante
el viento.



Bienvenidos