sábado, 12 de abril de 2008

Charla en tarde con lluvia


Fernando Sánchez Zinny, Argentina

Charla en tarde con lluvia

Nos envuelve la tarde,
con hilos de agua moviendo su trama en los vidrios;
¿ves?, nadie viene de donde venimos,
nadie va, tampoco, hacia donde vamos:
¿es que falta lo que falta o no falta nada,
toda la vida cabe en una vida?

Cuando partamos
y la pena nos vele los ojos,
dirás conmigo aunque no lo creas
que amor no merece
lo que no es eterno,
que la luz de los mitos alumbra
pero no consuela:
verdades simples que los amigos ya conocían.

Sin saber que lo era, la alegría
pobló la estrechez, la grisura
del jardín sin Dioses
y después de incendiar algunas sombras se fue,
porque no cabía en un espacio tan chico.

La lluvia cae, borbotón y cantinela,
y viene a rodar destino abajo
por los declives de un suburbio
donde la magia engendra neblinosos recuerdos.

Hay un límite no hollado,
un silencio mejor que el repiqueteo,
un beso que anidó en vano,
un hijo no nacido,
restos de hojarasca pegados a las paredes.

Qué lástima que hayamos muerto
ajenos al misterio como monedas viejas,
como agua que recorre el ciclo de las aguas:
hoy sabemos que la mitad lo hicimos, amor,
y que la otra mitad ya no espera,
que el sol ausente no presidirá la noche.


No creas que podrás huir
de ti, de la caducidad atada a tus pasos,
del opaco fulgor que destella en el mapa
de los días por venir.

Ahora todos se acercan,
los que están y los que se evaden,
los que muerden lo agrio en busca de certezas
como huérfanos que ignoran serlo,
los que exaltan el candor
engañoso de los niños,
y en un rato jugarán a ser estatuas
en el parque arrasado,
después que la lluvia cese.

Nadie está solo, porque está con nosotros
y nuestro tiempo es la vida que les damos:
como ángeles sin luz
descendidos del cielo, esperando un nombre
en el puerto que dejaremos mañana,
rumbo al olvido que permita seguir viviendo.