domingo, 19 de septiembre de 2010

Los Sonidos del Silencio, The Sound of Silence



The Sound of Silence


Hello darkness, my old friend;

I've come to talk with you again,

because a vision softly creeping,

left its seeds while I was sleeping,

and the vision that was planted in my brain

still remains

within The Sound of Silence.

In restless dreams I walked alone

narrow streets of cobblestone,

'neath the halo of a street lamp,

I turned my collar to the cold and damp

when my eyes were stabbed

by the flash of a neon light

that split the night

and touched The Sound of Silence.

And in the naked light I saw

ten thousand people, maybe more.

People talking without speaking,

people hearing without listening.

People writing songs taht voices never share

and no one dare disturb

The Sound of Silence.

«Fools –said I–, You do not know

silence like a cancer grows.

Hear my words that I might teach you,

take my arms that I might reach you».

But my words like silent raindrops fell,

and echoed in the wells of silence

and the people browed and prayed

to the neon god they made,

and the sign flashed out is warning,

in the words that it was forming.

And the singns said, «The words of the prophets

are written on the subway walls

and tenement halls».

And whisper'd in The Sound of Silence.

Simon & Garfunkel

Paul Frederic Simon y Arthur Garfunkel

Dentro de la evolución del rock, Simon & Garfunkel representan un aspecto hondamente lírico, donde una letras cuidadosamente elaboradas se integran en una mística repleta de matices, reflejo y diagnóstico de la realidad norteamericana en su vertiente más crítica.

Los elementos poéticos potenciados por las canciones del dúo han llegado a calar profundamente en un amplio espectro de gentes de todas las edades y sensibilidades, rebasando las fronteras limitadoras de lo estrictamente pop.

Paul Simon tocó fondo con El sonido del silencio, terminándola el 19 de febrero de 1964, consiguiendo una obra maestra. Su personalidad como compositor era ya un hecho indiscutible. La letra, cuidadosamente trabajada, rezuma un fuerte sabor literario, pero extrañamente atractivo. A pesar de la densidad de las metáforas, hay en ellas una especie de escalofrío eléctrico y urbano, una luz fría e implacable, que cala hasta el fondo de las gentes en su actos cotidianos, clamando por unas relaciones más cálidas entre quienes se ignoran en la gran ciudad e interponen esas murallas de silencio en torno a ellos. La atmósfera, a medio camino entre la ficción y la más cruda realidad, entre lo onírico y el hiperrealismo, capta con pavorosa receptividad el panorama que ofrecen unas docenas de personas apretujadas físicamente en los vagones del subterráneo, pero tan lejos y acorazados en su soledad. Sólo rompen este mutismo los graffiti que esmaltan la monotonía de los anuncios y de los ladrillos, luchando contra el silencio que va creciendo como un cáncer; graffiti que terminan siendo epitafios, sonidos de silencio garabateados en las paredes del metro.

Musicalmente presenta toda la poderosa osamenta de un standard, esto es, que la melodía tiene una cadencia lo suficientemente cerrada como para que el oído la acepte a la primera de choque, y lo suficientemente abierta para haber soportado sobre sus raíces originarias más de cien versiones. (Sólo Simon & Garfunkel han hecho de ella seis versiones diferentes, y la fuerza de su melodía ha permitido todos los tratamientos, desde el rock hasta el gospel). Nada tiene de sorprendente que fuese la canción que, al ser regrabada en versión electrificada, diese el triunfo a Simon & Garfunkel.

Sus éxitos son innumerables, como Scarborough fair/Canticle y Mrs. Robinson (película El graduado), Puente sobre aguas turbulentas, Ella vendrá en abril, Cecilia, su versión a El cóndor pasa, pero destaca, sobre todos ellos, sin duda, El sonido del silencio.