domingo, 22 de noviembre de 2015

Día Internacional del Músico





Los músicos son los supremos poetas. O la música es la sublimación de la poesía. La poesía aspira a convertirse en música, a alcanzar su nivel de pureza, aquel nivel de perfección transparente. La poesía busca convertirse en música. Métricas, ritmo, musicalidad, armonía. Sentido. Sensación y sentimiento. Transmisión de sensaciones, parámetro extrasensorial.

La música es la cúspide de la jerarquía de las bellas artes. Trono. Reina. Corona. La música es el sentido estético de la profundidad del cosmos, del temor a los dioses, del amor a los dioses, del coito entre los dioses y las diosas. La poesía es la evaporación del egoísmo para convertirse en lluvia recitada e impregnar de belleza al terrenal escaparate de humanos en venta.
Los músicos son poetas sin necesidad de palabras. Con la capacidad de poner música sobre música. Un instrumento sobre otro, sobre otro, sobre otro. Juntos. Separados. Coordinados. Independientes. Pero siempre en armonía. Siempre con precisión, siempre con vida y belleza. De no ser así, no cumple con el resultado de la suprema poesía. La música es la verdad más absoluta. El lenguaje que sentimos pero que no podemos descifrar.
La música es la vida de la tinta. Es la inmortalidad del papel. La música es la máxima aspiración del arte. Pureza y libertad.
La sinfonía desvela la verdad de un mundo paralelo que no han logrado descifrar aun las letras. La sinfonía es la madre del poema.
No importan los años, los siglos, mientras el papel pueda seguir siendo leído seguirá cobrando vida.
¿Alguna vez has escuchado de mayor magia que eso?



J. Cohen