jueves, 19 de enero de 2017

Poemas de Alberto Madariaga



Rápidamente.

Si al imitar a Lope, desenredo
un ovillo de aplausos de pirita,
es preciso decir que necesita
reflector engañoso mi denuedo.


Pues si la flor que muestro sufre miedo
no será más exótica y bonita,
cuando el mismo pistilo la limita
a la esterilidad y yo no puedo

contemplar mi jardín enmudecido.
Así que dejo ya la flor sembrada
en su nicho traslúcido y teñido,

para que pueda entonces la nevada
no transgredir el cuerpo, sino alada
otorgar el laurel que vence olvido.

Alberto Madariaga
(2016)



Vaticinio.

Te irás de mí mujer; lo sabe el viento,
lo saben las mandrágoras dormidas
y también las inertes avenidas
donde fuiste cereza en movimiento.


Ya mis manos preparan el aliento
que será derramado en sus heridas,
cuando tus manos vuelen coloridas
a la patria fugaz del pensamiento.

Un reloj explosivo -mientras tanto-
hace fila siniestra por mi acera
con pancarta segura de quebranto.

Y si lo ignoras tú muy poco importa;
tu presencia tan sólo es una espera
quizá larga mujer, quizá muy corta.

Alberto Madariaga
(2010)