martes, 19 de septiembre de 2017

Biografía, libros y poemas de Ernest Hemingway



Nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Illinois. Allí cursó sus estudios, para luego desempeñarse como reportero en el Kansas City Star, trabajo que reemplazó pocos meses después por el de conductor de ambulancias en Italia durante la Primera Guerra Mundial. Luchó en el frente de batalla, sufriendo graves heridas.

Luego de la guerra marchó a París, donde comenzó su actividad literaria. Recorrió Florida, España y África.

Fue corresponsal de guerra durante la Guerra Civil española, en la Segunda Guerra Mundial y reportero del Primer Ejército de Estados Unidos.

Sus dolorosas experiencias bélicas inspiraron los temas de sus primeras obras, donde hombres escépticos, buscan su propia satisfacción, a costa de los valores morales y la lucha del hombre, a veces inútil contra las circunstancias de la vida. Amores en época de guerra, muerte, destierro, mezcladas con temas sobre corridas de toros, como por ejemplo: “Fiesta” (1926) y “Muerte en la tarde”, constituyen su línea argumental. En 1929 escribió “Adiós a las armas”, “Muerte en la tarde”, data de 1932, “La verdes colinas de África” de 1935 y “Tener o no tener” de 1937.

La pérdida de la libertad, abordado en “Por quien doblan las campanas” (1940), novela basada en lo acontecido en la Guerra Civil española, alerta sobre la posibilidad de que este bien supremo pueda no ser reconocido en otras latitudes.

Conocido como el último de los autores neohumanistas, impuso un estilo directo, duro y cínico. El principal tema de su obra es la muerte, única certeza inevitable en la incertidumbre de la vida humana. En “Las nieves del Kilimanjaro” (1953), trata este tema, en un relato corto, pero impresionante. Junto a la certeza de la muerte, halla también la convicción de la existencia de la solidaridad humana.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1954, por su aclamada obra “El viejo y el mar” publicada en 1952.

Exiliado en Cuba, luego de la guerra Civil Española, en 1960, fue despojado por Fidel castro de su propiedad y se trasladó a Idaho.

Se suicidó el 2 de julio de 1961, en Ketchum, con un tiro de escopeta, luego de sufrir varias crisis depresivas. Tres mil páginas manuscritas esperaban ser publicadas.

Libros:
El viejo y el mar
Adiós a las armas
Por quién doblan las campanas
Fiesta


Poemas cortos:


Poesía 

Así que ahora, 
habiendo perdido anoche a los tres, 
devolviéndolos hoy, 
los bosques húmedos y oscuros… 

Cautivos 

Algunos llegaron encadenados. 
Sin remordimientos, pero cansados. 
Demasiado cansados, sólo para tambalearse. 
Pensando y odiando haber sido acabados 
pensando y peleando por haber sido acabados. 
Así se cura una larga campaña, 
fabricando fácilmente la muerte. 


Campos de Honor 

Los soldados nunca mueren bien: 
las cruces marcan los lugares; 
donde ellos cayeron hay cruces de madera; 
un palo sobre sus caras. 

Los soldados empujan y tosen y caen de cabeza 
todo el mundo grita en rojo y negro 
los soldados se sofocan en una trinchera y 
se asfixian completamente durante el ataque. 

Todos los ejércitos son Iguales 

Todos los ejércitos son iguales 
la publicidad es fama 
la artillería hace el mismo viejo ruido 
el valor es atributo de los muchachos 
los viejos soldados tienen los ojos cansados 
todos los soldados escuchan las mismas viejas mentiras 
los cadáveres siempre han atraído a las moscas. 

No me interesan las mujeres extravagantes 

No me interesan las mujeres extravagantes 
ni el coñac 
ni las mentiras 
Porque estoy enamorado.


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I

La noche se acerca entre suaves y somnolientas plumas

oscureciendo el día

acariciando el brillo perlado

moldeando el barro

antes de que adquiera la dureza final

exigiendo que nos quedemos.


II



Hemos pensado los pensamientos más largos

y elegido los caminos más cortos.

Hemos danzado ritmos endemoniados,

temblando al regresar a casa para rezar;

para servir a un amo en la noche,

y a otro en el día.


III


Sé que los monjes se masturban en la noche,

que los gatos caseros se retuercen,

que algunas muchachas muerden;

sin embargo

¿qué podría hacer

para cambiar las cosas?


IV


El deseo y

las dulces y afiladas penas

y las superficiales heridas

que fuiste tú,

se han convertido en una triste oscuridad.

Viene la noche con su rictus

a yacer conmigo

una torpe, fría y rígida bayoneta

sobre mi alma iluminada, palpitante.


V


El Señor es mi pastor, no

le necesitaré demasiado tiempo.